La toma de decisiones en la conducción

  • Posted on: 17 December 2020
  • By: tuteorica

La conducción como un conjunto de toma de decisiones


La toma de decisiones durante la conducción

La conducción de un vehículo se produce en un entorno complejo y continuamente cambiante. Mientras conducimos debemos estar constantemente atentos a todo aquello que pueda ser importante para nuestra seguridad, corno las distancias entre vehículos, las indicaciones en el tablero de mandos, los peatones, niños corriendo detrás de una pelota, los otros vehículos, etc. 
Claro está que con la experiencia todo este proceso de atender al entorno, asimilar y actuar en consecuencia se produce de una forma casi automática. Sin embargo, detrás de cada una de nuestras reacciones se esconde todo un complejo proceso de toma de decisiones, proceso que sabemos que tiene un impacto directo en la ejecución de las maniobras. 
Somos capaces de procesar muchísima información y tomar una decisión en apenas unos segundos. Para ello contamos con la ayuda de recursos psicológicos, tales como: 

  •  el sistema perceptivo (visión y audición, principalmente) 
  •  el sistema cognitivo (pensamiento y razonamiento) 
  •  el sistema emocional (estado emocional del conductor) 
  •  el sistema motivacional y actitudinal (motivaciones y actitudes hacia la conducción y la seguridad vial) 

Cualquier alteración en alguno de estos sistemas puede tener consecuencias muy perjudiciales para la seguridad en el tráfico. Por ejemplo: 

  • Una mayor sensibilidad al deslumbramiento (tal como la que se produce por efecto del alcohol) en un momento clave puede con facilidad desembocar en un accidente. 
  • Un razonamiento inadecuado (mitos y falsas creencias sobre la seguridad, por ejemplo) puede llevarnos a tomar decisiones incorrectas. 
  • Un estado emocional extremo (ansiedad elevada, ira, euforia excesiva, etc.) puede hacer que nos precipitemos en la respuesta. 
  • Una falta de motivación para circular con seguridad nos expone fácilmente al riesgo. 
  • Una actitud negativa hacia el cumplimiento de normas de convivencia en la circulación hace nuestra conducta imprevisible. 

Pero no todas las decisiones en situaciones de tráfico se toman a partir de la información inmediata que recibimos. Hay algunas decisiones que son tornadas de antemano. Nos referimos con ello al efecto de Ia experiencia y el aprendizaje sobre la toma de decisiones, A medida que el conductor se va enfrentando repetidamente a determinadas situaciones, va automatizando en parte su respuesta ante las mismas. Este fenómeno, que en principio nos podría parecer beneficioso, es una auténtica arma de doble filo, ya que cuando lo que se automatiza son las conductas de riesgo, se está incubando lentamente la ocurrencia del accidente. 

Lamentablemente, es muy fácil automatizar este tipo de conductas peligrosas, dado que lejos de implicar consecuencias negativas a corto plazo (tales como provocar siempre un siniestro) suelen conceder incluso alguna ventaja inmediata al conductor (por ejemplo, llegar antes a casa). Que este tipo de conductas desemboque en un siniestro es una mera cuestión de tiempo, puesto que cuanto más las repitamos, mucho más se incrementa la probabilidad de que en un momento dado coincidan con otros factores que en conjunto pueden desencadenar el siniestro. Por ejemplo, si un día determinado nos saltamos un STOP en un cruce de baja densidad de tráfico ("nunca viene nadie"), la probabilidad de encontrarnos con otro vehículo es baja; pero si nos saltamos el mismo STOP dos veces por semana, la probabilidad de que algún día nos encontremos con otro vehículo se incrementa considerablemente y cuando finalmente llega ese día, el accidente se produce con facilidad, pensando con frecuencia que ha sido cuestión de mala suerte. 

Con una mayor experiencia en la conducción también ocurre un fenómeno muy curioso, y es que con los años percibimos pocos accidentes en relación al tiempo de exposición (es decir, el tiempo que hemos pasado al volante). Este hecho puede traer como consecuencia que lleguemos a la conclusión de que la posibilidad de verse implicado en un siniestro es nula en nosotros. Es aquí donde se puede desencadenar el verdadero riesgo de accidente. 

Los accidentes se construyen antes de que ocurran: un exceso de confianza en nuestras habilidades y nuestra experiencia nos puede fácilmente llevar al accidente. 

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